Para esta noticia, usaremos de forma integra el discurso de Sor Elsa castillo, no solamente por su cargo en nuestra comunidad, simplemente porque su análisis histórico es brillante.
MENSAJE SUPERIORA PROVINCIAL
POR LOS 75 AÑOS DE PRESENCIA EN CHILE
24 de abril 2026
Los últimos versos del Cántico del hermano sol compuesto por san Francisco de Asís, proclaman: “Alabad y bendecid a mi Señor y dadle gracias y servidle con grande humildad!
Queridos hermanos, con un corazón fervoroso, deseamos hacer realidad estas palabras de san Francisco.
Al recordar los 165 años de fundación de nuestra Congregación, las Religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón el pasado 21 de abril, y al concluir hoy el año de celebración por los 75 años de presencia de nuestra Familia Religiosa en Chile, queremos alabar y bendecir a Dios porque Él ha conducido nuestros pasos en esta tierra: su Iglesia nos llama a través del entonces obispo de Puerto Montt, monseñor Ramón Munita Eyzaguirre, haciendo realidad su sueño y el del nuestra valiente superiora General Madre Cecilia Lazzeri el año 1951, cuando llegan a Chile las cinco primeras religiosas, jóvenes italianas, con el corazón henchido de amor a Dios y al prójimo: Sor Fabiola Marcuzzi, Sor Emiliana Zilio, Sor Ernestina Magoga, Sor Loreto Favaro y Sor Ana Brustolini.
Si la vida de un consagrado es amor y sacrificio, es más aún la de un consagrado misionero. La misión de Chile inicia en la ciudad de Puerto Montt para después extenderse a la periferia de Puerto Varas, dedicándose a la educación gratuita prefiriendo a los más pobres y abandonados, según el querer de nuestra Fundadora Laura Leroux.
Nuestro Fundador, siervo de Dios venerable padre Gregorio Fioravanti (OFM), ante las innumerables dificultades y tropiezos de los inicios de nuestra familia religiosa nos dice: “Dios prueba, pero no abandona al Instituto…”. Las pruebas, constante en la gestación y nacimiento de toda misión, las hemos vivido, pero no solas, Dios nos ha protegido con amor eterno y divino y ha salido a nuestro encuentro, en Puerto Montt en la persona de Herminia Alcalde de Ojeda y Adelita Mautor; en Puerto Varas en don Antonio Felmer y su esposa Regina Niklischek; en Santiago en el padre franciscano Clemente Pérez (OFM) y Albertina Araneda; en Rancagua en don Julio Valenzuela y en tantos otros.
Ante la inabarcable evangelización que enfrentan las primeras hermanas nuestra superiora general envía varias expediciones de hermanas, haciendo posible la apertura del Noviciado, para acoger y formar a las jovencitas chilenas que, movidas por la abnegación, caridad y humildad de las primeras hermanas, se sienten llamadas por Dios a ser FMSC. Hacemos memoria de sor Cecilia Subiabre, que en paz descanse, que ingresa en el año 1954.
Los requerimientos de la Iglesia y otras circunstancias nos impulsan a establecernos en la zona central. Después de una breve permanencia en una parroquia de Ñuñoa, se gestiona un terreno donado en Rancagua para un hogar de niñas huérfanas en 1958 – 1959, posteriormente, en una pequeña propiedad donada por la Sra. Albertina Araneda en La Cisterna, se inicia una escuela en 1960. También ese año, con una confianza a toda prueba en la Divina Providencia y con gran audacia, las hermanas dan vida a una nueva comunidad y obra, la escuela Madre Cecilia Lazzeri.
En las décadas posteriores se consolida no sólo la infraestructura, se amplía el servicio educativo, se genera un ambiente de comunidad y hermandad bajo el estilo de san Francisco de Asís, teniendo como norte la formación integral de los alumnos; la formación humana cristiana de los miembros de la comunidad educativa; se asumen los desafíos de la cultura y se irradian los valores de Jesucristo y del Evangelio.
En el transcurso del tiempo, el Señor nos regala vocaciones chilenas que nos permiten abrir nuevas misiones en otros países latinoamericanos de cuyas familias también han surgido vocaciones para nuestra vida religiosa. Sin embargo, estas vocaciones han sido también frágiles y muchas han abandonado la vida religiosa. Hoy la falta de vocaciones hace muy difícil la permanencia de la congregación en algunas obras, también son la causa del cierre de obras educativas pastorales o del retiro de las hermanas de alguna misión. En este ámbito les comparto un dato doloroso: hace 18 años que no ingresa a la congregación ninguna joven chilena.
Todas las religiosas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón de estos 75 años en Chile, son valiosas e importantes. Cada una desde los dones y talentos que recibe de Dios sirve incansablemente, algunas liderando las obras educativas, de evangelización y asistencia caritativa; otras, reforzando desde el silencio, la oración, la caridad fraterna, la vida oculta el desgastante apostolado. En este recorrido quisiéramos hacer memoria de cada una de ellas, sin embargo, ante la imposibilidad, mencionamos a aquellas que, elegidas por Dios, tienen el delicado encargo de la autoridad, es decir, de enseñar, guiar a la santidad y gobernar según las normas de la Iglesia y de la Congregación. Ellas son: sor Fabiola Marcuzzi, sor Ernesta Miglioranza, Sor María Oliva Pian, Sor Inés Pavan, Sor Cecilia Subiabre, Sor Fides Lorenzón, Sor Marcela Uribe, Sor Alejandra Vallejos. Si bien cinco de ellas son de nacionalidad italiana, llegan muy jóvenes a Chile, asumiendo con entusiasmo la cultura que las acoge y que moldea sus acciones. De esta forma, nuestra congregación se ve enriquecida con la alegría, cercanía, amistad y fiesta propios de América latina. Esta forma de ser y de vivir de este rincón del mundo, llega como don a toda la familia religiosa, porque nuestra provincia latinoamericana ha tenido el privilegio de donar a la Congregación dos superioras generales que marcaron un hito sin precedentes: Sor Ernesta Miglioranza, que abrió la misión en India, y sor Inés Paván, infatigable y entusiasta misionera a quien se debe la presencia de la congregación en el Líbano, Perú, Centro África, Filipinas, Congo, Albania, Ecuador, Lituania y República Checa.
Como los caminos de Dios no siempre coinciden con los nuestros, Sor Ernesta Miglioranza, tan querida por todos, es la primera en recibir a la hermana muerte, en el año 2000; en cambio, sor Inés Pavan, tan querida por todos, se encuentra entre nosotros y Dios nos la concede como ejemplo de fe, esperanza y caridad, como ejemplo de hermandad y sabiduría. Gracias, sor Inés.
Si estamos recorriendo la historia de 75 años de presencia en Chile, es justo hacer memoria de las 18 hermanas de nuestra provincia que ya nos han dejado, cuyas almas encomendamos a la misericordia de Dios para que gocen de su presencia, a quienes llevamos en el corazón, a quienes debemos lo que somos y que reconocemos que extrañamos mucho.
Agradecemos a Dios y lo alabamos por todo lo bueno que ha sembrado en estos 75 años de presencia en Chile, por nuestras queridas hermanas de la enfermería y por las hermanas que por razones de edad están retiradas del apostolado; por las hermanas que han servido en la formación de las nuevas religiosas, por las hermanas que han servido como superioras; por todos nuestros colaboradores, por los padres y apoderados, por los familiares de las religiosas, por los amigos, por todos y todo, gracias, Señor.
Alabamos y agradecemos a Dios por nuestra Iglesia, pastores e instituciones, porque junto a ellos hemos formado a miles y miles de niños, jóvenes, familias y adultos; hemos entregado a la sociedad cristianos que son una luz por su trabajo honesto y responsable; por su fe en Dios, caridad hacia los hermanos y constructores de paz según el ejemplo de san Francisco de Asís; hemos entregado profesionales, artistas, y deportistas, hemos entregado a hombres y mujeres que han formado familias abiertas a la vida y que han dado hijos a esta tierra. Esta es la cosecha del sacrificio y trabajo de las religiosas, del personal, de las familias, autoridades, amigos y bienhechores, de 75 años en el Colegio Arriaran Barros de Puerto Montt; de 72 años en el colegio bicentenario Felmer Niklitschek de Puerto Varas; 66 años en el colegio Santa María de los Ángeles y Liceo Madre Cecilia Lazzeri de Santiago; 64 años en el Hogar de niñas Santa Rosa en Rancagua y los últimos años Liceo Técnico profesional Santa Rosa; de 56 años en el Comedor Sor Annapia en Puerto Varas y recientemente del colegio de la Purísima Concepción de Chillán.